Se sentía culpable,
no dejaba de escuchar
que no servía para nada,
que las había mejores.
Se esforzaba todos los días
de la semana, los meses y los años.
A toda costa, quería complacer,
creía que con eso acabaría el suplicio,
se creía inferior y culpable.
Su familia le decía:
tienes que luchar y perseverar,
las cosas cuestan,
pero llegan las recompensas.
Su confesor decía que había que ser paciente,
que tenia que poner de su parte.
Recompensa, tenía todos los días,
pinturas para tapar los cardenales,
gafas que ocultaran los golpes
y los sufrimientos.
No supo decir ¡basta!
no supo cortar y decir ya no más,
me voy.
No supo cortar,
la escalera fue la culpable,
eso decía el atestado judicial.
La escalera lo tapó todo,
los golpes, insultos, vejaciones.
El golpe certero
que le dio la bestia inmunda,
como acto ruin de bestia de dos patas.
La escalera, siempre servicial,
para quienes quieren creérselo.
Para quienes niegan
el asesinato de las mujeres,
solo por ser mujer.
¡ni una más! ¡ni una menos!
¡No se mueren, las asesinan!
Julio Ugena Carrasco. 25-11-2021
