¿SI DESAPARECEN LAS ABEJAS?

Advierten sobre extinción de especies de abejas en México | UNAM Global

Manuel empezó repasando la lista de los amigos y amigas que le quedaban, pues algunos ya habían abandonado este mundo, la edad ya no daba muchas prórrogas. Los convocó para el lunes 28 de octubre de 2047, fecha en la que cumplía 95 años.

Los amigos, a los que los achaques de la edad les permitieron asistir, se reunieron para la celebración. Allí, recordaron lo vivido y, también, lo que estaba pasando en ese momento. La escasez de alimentos, que cada día era mayor, se debía a que los agentes polinizadores se habían extinguido, en una gran proporción: no quedaban murciélagos, el ochenta por ciento de los pájaros había desaparecido, las mariposas, prácticamente, ya no existían, los abejorros y otros insectos también eran casi inexistentes, las abejas no superaban el veinticinco por ciento de las que había a principios de siglo, apenas quedaban abejas melíferas, por lo que casi no había producción de miel.

Recordaron que, a principios de siglo, en muchas partes del mundo, la gente sufría y moría de hambre, pero por el egoísmo de algunos y por la indiferencia de la mayoría, pues había alimentos suficientes. Se producía para acaparar, no para repartir. Se introdujeron en la agricultura los productos transgénicos, los insecticidas, herbicidas y plaguicidas que se usaban desmesuradamente. Juan comentó: —Nos vendían la moto, diciendo que era para producir más, pero solo era para aumentar las ganancias de unos pocos: de grandes terratenientes, de grandes industrias químicas y farmacéuticas.

—Decían que utilizar todos esos productos daría riqueza a la sociedad, pero, en la práctica, era solo para aumentar los beneficios, pues, no solo no se repartía lo que se producía, sino que se eliminaba parte de la producción para que no bajaran los precios. —Comentó José.

Señalaban que en esos momentos había muchas necesidades, se pasaba hambre, pero ahora, no solamente era por la falta de reparto, también por la escasez de producción. No había alimentos suficientes, por la ausencia de polinizadores, especialmente la abeja, pues el setenta y cinco por ciento de los productos del campo necesitan de su polinización, siendo la abeja la que en mayor porcentaje hace esa labor.

Todo esto me lo contó mi abuelo, hace treinta y tres años. Era uno de los que estuvieron celebrando ese cumpleaños.

Me contaba que hubo gente que, en el siglo veinte y a principios del veintiuno, luchaba contra las desigualdades, contra el cambio climático, contra la destrucción de las abejas, pero los poderosos se inventaron que “todas esas patrañas eran mentira, que eran unos antisistema, que solo querían destruir la sociedad «. El problema es que muchos se lo creyeron y apoyaron a los que nos han llevado a esta hecatombe.

Hoy, en los años ochenta de este siglo, solo se cultivan cereales, como el trigo, así como patatas y poco más, al no necesitar para ello la polinización. La falta de abejas y otros polinizadores no permite que se cultiven frutales, ni frutos secos ni tampoco forraje para alimentar animales.

La población humana ha descendido a niveles de los tiempos de la Edad Media, los poderosos viven en zonas muy restringidas, protegidos por el ejército, con tanques y otras armas; los jornaleros malviven con hambre; el resto de la población sobrevive de lo que puede robar en los campos, cada día mueren más.

Queda muy poco tiempo de vida en el planeta. La desesperación lleva a matarse unos a otros, nadie ve solución para la pervivencia del ser humano.

Me contaba mi abuelo que él conservaba semillas y que yo hiciera lo mismo, pero, sobre todo, que conservara en lo que pudiera algunas abejas.

Con esta situación, se fueron abandonando muchos terrenos, en algunas comarcas, desde hacía varios años, nadie pasaba por ellos. Recordé los consejos de mi abuelo. Instalé unas colmenas, junto a otras familias, con las abejas que había ido conservando, saqué las semillas que guardaba y empezamos sembrar.

No estaba todo perdido, costaría mucho, había que convencer al resto de las personas, para que se extendiera lo que estábamos logrando. Pero existía un peligro, que a la vez eran varios: que los poderos se quisieran hacer con ello; que volvieran a hacer lo mismo que antes y nuevamente, consiguieran cargarse lo que estábamos haciendo; que los que peor lo estaban pasando se pusieran del lado de sus opresores, no era la primera vez que ocurría, que los poderos intentaran invadir y quitárnoslo todo.

Decidimos que teníamos que concienciar al resto de la sociedad, que teníamos que ser valientes, defender el proyecto y animar a que otros lo defendieran. Así lo estamos haciendo, con muchas dificultades, pero hay esperanza de poder conseguirlo.

Estamos entusiasmados, ya que podremos lograr que no desaparezcamos los seres humanos de la tierra, que se vuelva a producir, que se repartan equitativamente los frutos de ese trabajo, que no se vuelva a contaminar ni el suelo, ni el aire, ni nada.

Estamos deseosos de ver volar a millones a abejas, de que vuelvan los pájaros, de que todos puedan comer una manzana o unas fresas, aunque a mí, estas no me gusten.

Se lo debemos a las abejas, nos lo debemos al género humano. Como siempre, las abejas nos darán lo mejor de sí mismas, nos darán la vida.

Llegados estos momentos, creo que lo vamos a conseguir. Al principio del siglo veintiuno, si la mayoría no hubiera mirado para otro lado, si hubieran hecho caso a los que luchaban, entre otras cosas, para que no desaparecieran las abejas, cuanto sufrimiento innecesario se hubiera ahorrado.

18-1-19

Publicado por PInTAGORrAS

Nací en Yuncos en 1952, ciudadano del mundo. Bandera, la blanca, la de la paz; amante de la justicia y la igualdad. La escuela, solo hasta los doce años, nada más. Acceso a la universidad y carrera, en el aula de estudio, mi casa. Noches, sábados, domingos y festivos. Licenciado en Derecho por la UNED. Trabajador en el sector de la madera, sindicalista ya jubilado. Me gusta escribir lo que veo, lo que siento, con lo cual me gusta la escritura crítica y de compromiso.

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